QUO VADIS/ NO HAY TIEMPO PARA MENTIR

Cuando tocas las adversidades de la vida, sientes la presencia de la ausencia. Son esos espacios llenos de la realidad de la gente poblada de sombras, donde el hambre y la miseria acompañan el catre de los sueños perdidos.

Allí las promesas se hacen mito y no hay tiempo para más verdades. El rigor del dinero, de las necesidades elementales e inalcanzables de lo humano, se fugan por la ventana ante la mentira de un mundo lleno de pobreza.
Un país que no escapa a su sabor del sur americano, no de un tercer mundo como algunos suelen denominarlo sin saber siquiera cuál es el primero o el segundo de esos mundos. Y quien jerarquizó a esa sensación de las necesidades? Acaso existe un mundo de élites puras? Quien puede afirmar que se está libre de pobreza y de esperanzas perdidas?

Si vemos nuestros hospitales, no hay dolor más grande que pueda superar la desesperanza y la victoria de la muerte. Hay alguien que pueda decir que allí no se pasea el destino fatal de la tristeza.

No más que la soledad de un vacío que ya no revive ante la ausencia de medicamentos, del desprecio de un Estado que se olvida de saber cual es su deber. De políticos que ya dejaron de serlo y que pasaron el postgrado de mercenarios del poder mezquino que acaba con el olvido de los olvidados.

Diferentes corrientes del pensamiento han tratado de humanizar el gamelote de la mentira y el Dios de todos se reclina para mirar la desventura que Spinoza no pudo ver.
No hay tiempo para mentir, cuando el sueldo apenas alcanza, imaginando que los factores económicos mejoran solo para quienes siempre nada ha cambiado.

En estos episodios apenas se vislumbra el escenario de los que pagan la cuenta de los grandes enchufados vestidos de marcas que apenas han comenzado a conocer bajo un color y una consigna que nada aportan más allá de sus ansias personales de poder.

Allí se reduce la verdad y no hay tiempos para evocar los cantos de Cervantes escuchando a Tirand Lo Blanch. No es un wiskhy ni una marca de bebida francesa; es apenas el inicio de un lenguaje real y de la vida del insigne Quijote al que todos citan y nada conocen.

Se ha perdido la verdad, ya ni disfrazada la vemos; han sido traspasados los niveles de la conciencia por quienes hoy apresuran su mentira. Es tiempo de mirar al tiempo, solo sabemos que no hay tiempo para mentir.

Rafael García González

 

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