Otra mirada al 5E

Una lectura desde otro punto de vista merece el 5 de enero. Y pudiéramos deducir unas diferencias en medio de la vorágine que está viviendo el madurismo. Podrían verse sus consecuencias, no sólo en la grave situación económica, alimentaria, de salud, que vive el ciudadano de a pie, de la oposición o del registrado en los múltiples beneficios del régimen para tratar de seguir escondiendo su voluminosa corrupción y su colosal incapacidad.

Francisco Torrealba, uno de los grandes nuevos ricos de Portuguesa y la mano derecha del usurpador en la Asamblea Nacional, operó todo el circo de la instalación del Parlamento, donde 18 ciudadanos electos en las planchas democráticas vendieron su alma al diablo y los brazos serviles de la bancada del PSUV se levantaban alborozados para completar la coreografía de los dólares y las traiciones. No pudieron hacerlo peor. No sé a qué cerebro se le ocurrió eso. No puede ser al G2 cubano, uno de los aparatos de inteligencia que ha sido vendidos como uno de los mejores del mundo y de verdad, que no sabemos cuáles son sus cualidades porque sus coterráneos han sido las únicas víctimas de este cuerpo represivo y en los últimos 20 años, nosotros los venezolanos. No pudo tener sus manos metidas la mente maquiavélica de Diosdado Cabello, porque su operador es Pedro Carreño y éste conversaba tranquilamente con Stalin González y Edgar Zambrano, dijeron que sobre los Leones del Caracas y los empavados Tiburones de La Guaira. Y porque su poder estaba en juego.

Diosdado que siempre se cree la joya de la corona, porque puede ser el entregado en cualquier negociación para salvar el pellejo de la pareja “presidencial” tenía que haber visto con mucho recelo, un posible poder legislativo controlado por Maduro. Ello hubiese dejado por fuera a la ilegítima Asamblea Constituyente que controla con mano de hierro el nacido en El Furrial y que le sirve de muro de contención a Nicolás, a Cilia y a los otros pranes del régimen. La cuestión estaba muy clara: si se concretaba el asalto a la AN, la Constituyente no sería necesaria, Maduro concentraba más poder a lo interno y Cabello quedaba guindando o como dicen, como la guayabera.

Hay dos hechos importantes. El 5 de enero no había colectivos y el 7 tampoco. La Policía Nacional era menos represiva que la Guardia Nacional y entre los militares, había diferencias notorias. Incluso mostraron gestos de protección a algunos parlamentarios, cuando éstos decidieron con Guaidó a la cabeza, entrar a sesionar en el hemiciclo, como lo lograron en esa oportunidad. Definida la situación, incluyendo el recule de Maduro al no poder lograr el propósito el 5E, visto además el repudio mundial a los hechos, lo costoso que le salió en lo económico y en lo político la Operación Alacrán y tener que acudir a la ilegal ANC para rendir su farsa de mensaje anual, los colectivos volvieron a salir a agredir a los parlamentarios, asaltando sus carros y tratando de hacerles daño, es decir, las aguas rojas volvieron a su cauce. Los pranes volvieron a dar muestras de actuación en conjunto, a sabiendas que cuando venga el desmadre, que ya está en consideración en el alto mando militar y en las salas situacionales del régimen, puedan hacer algo para salvarse.

La jornada de carnetización a pesar de que siguen movilizando con todos sus recursos y el uso de la Guardia Nacional y de la Policía para resguardar un acto partidista, es una demostración del deterioro del PSUV. A pesar de la tranquilidad ciudadana, que parece aquí no pasara nada, el volcán pudiera estar despertándose. Y esa gira que, de forma imprevista, comenzara Juan Guaidó debe generar resquemores en el régimen. Ello se le suma a la enorme efervescencia de rabia e impotencia que aún rumia a lo interno cada venezolano. Son ingredientes que pudieran constituirse en la gota que rebasa el vaso.

La desesperación no es buena consejera. Y eso se nota en los jerarcas chavistas. El incumplimiento del petro, el creciente rechazo internacional, el peso de las sanciones, la  mesita de diálogo, el caricaturesco aumento salarial, el deteriorado poder adquisitivo de los venezolanos, la enorme lavadora de dinero ilegítimo en la que está convertida Venezuela, las enormes riquezas que la dirigencia chavista le enrostra diariamente con viajes, vehículos lujosos, haciendas, viviendas, al ciudadano de a pie, son caldo de cultivo para un cambio violento que nadie quiere, pero que el régimen huele.

Lo cierto es que hay que ponerse las pilas. Cualquier cosa puede pasar. IVÁN COLMENARES

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