El joropo ha comenzado

           Jamás pensé que se atrevieran a tanto. Los criminales lo hacen a oscuras, a trastienda, para ver si no son descubiertos, pero la desesperación los hizo cometer la que debe ser su última locura. Delante del cuerpo diplomático acreditado en Venezuela y aunque impidieron el acceso a los medios, el mundo entero se dio cuenta de la barbaridad de la pandilla chavista, esta vez con el desaforado Francisco Torrealba, como buen sigüí, de director de esa orquesta desafinada de traidores y jalabolas, que irrespetando la norma, sin quorum y con la presencia de unos 50 diputados que no votaron, asaltaron al único poder legítimo salido de la participación popular del 2015, la Asamblea Nacional.

         Mientras el exadeco exministro y mandadero de Maduro, vociferaba que Guaidó no quería hacerse presente, el joven ingeniero industrial intentaba dialogar con la guardia pretoriana y brincar la cerca ante los ojos del mundo, que se hicieron presentes, vía redes sociales y periodistas extranjeros, haciendo realidad aquella profecía de Mac Luhan de la aldea global. Mientras Mariana Lerín lucía un traje para pasarelas o una bacanal de enchufados, las diputadas Nora Bracho y Delsa Solórzano eran golpeadas y arrastradas por aquellos que tiraron por la borda hace mucho tiempo, eso del honor es su divisa, que también hacían de peaje con el reservado derecho de admisión rojo. Y los que salieron con el voto de la oposición democrática, pero deben tener vergüenza hoy de mirar a su familia y a sus amigos, aunque hayan sido beneficiados, montaban un espectáculo que es la cima del cinismo y del descaro.

         Pero fracasaron. El plan del gobierno de dinamitar al Poder Legislativo y acabar con Juan Guaidó falló. No les sirvió la Operación Alacrán para comprar la dignidad de 102 parlamentarios, ni la represión desatada, la intimidación, ni el asedio en el hotel donde se hospedaban los parlamentarios demócratas. Maduro, Cabello y su banda sufrieron una aplastante derrota de un gigantesco valor estratégico, porque la reacción internacional ha sido ampliamente favorable a nuestra causa, reafirmando nuestra mayor fortaleza democrática. Y la unidad de la oposición es más sólida que lo que el gobierno y algunos grupitos pensaban. Antes que dividirla, este proceso contribuyó a depurarla. Como dijo, creo que Freddy Guevara “a veces hay que tomar esos purgantes, aunque resulten desagradables”. Aquí creo, que hay que ir al encuentro de factores que hoy se sienten avergonzados, con pena ajena, de esta patraña oficialista.

         Nunca estuve de acuerdo con que parlamentarios que perdieron su condición por haber aceptado cargos en el poder ejecutivo, fuesen aceptados nuevamente en el Hemiciclo. Pero la vuelta del PSUV a la Asamblea no fue un intento por normalizar el país, como algunos ingenuos pensaban con sus declaraciones. Era un plan para liquidarla, defenestrar a Guaidó y dividir la oposición, pero fracasaron. Y aprovecho para repetir un texto de César Miguel Rondón sobre Juan: “Admiro la valentía y el coraje de este chamo…que se tiró este yunque al cuello: tener que enfrentarse a un dragón de mil cabezas y gentes descerebradas le caen encima como aves de rapiña a una presa”.

         ¿Y ahora qué toca? porque el joropo comenzó y sigue dando lo más hondo del compás. Por parte del régimen, más represión, más persecución, más inflación, ninguna solución a los graves problemas que nos acogotan, seguir robándose el oro y las riquezas de todos los venezolanos. Por la nuestra, con alpargata comprada, repicar y duro. Convencer a la gente: asumir la calle con organización y contundencia.

         O mucho más simple. Como el maraquero del poema de Ernesto Luis Rodríguez, cuando proclama que su negra bailadora le pertenece. Deje las maracas. No le toque más a la dictadura y pelee por su negra, por su país, no sea más cachicamo: “no trabajo para lapa y esa negra no es prestá /…no la vendo, no la cambio / ni por oro ni por ná / en la orilla de su afecto / yo perdí mi empalizá / y de adentro no me sale / ni un novillo sin jerrá /”.

         No nos queda de otra: luchar por Venezuela, que es por sus hijos, su familia, su tierra, todo lo suyo. IVÁN COLMENARES

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