En tiempos de cuarentena

Algo huele mal en Dinamarca. El régimen admitió el sábado que en un día se conocieron 45 nuevos casos de Covid 19 y el domingo 37. Sigo sosteniendo que estos tipos mienten descaradamente como los chinos, en un país donde no hay distanciamiento social, donde las muchedumbres buscando gasolina se aglomeran sin temor al contagio, donde no hay agua potable, y donde sólo hay cien respiradores para 30 millones, mientras en el vecino país Colombia hay cinco mil. Esas no pueden ser las cifras, aunque todo el mundo quisiera que alguna vez tuvieran razón. Los expertos decían que nuestra curva de crecimiento comenzaba en mayo y hasta los jerarcas han venido reafirmando con sus irresponsables anuncios, lo que la ciencia pregona. No puede ser que nuestros vecinos estén inundados del virus y al eslabón más débil de la cadena latinoamericana, no nos pegue ni coquito. Ojalá sea todo lo que dicen, incluso los escudos religiosos. Pero de estos demonios no se puede esperar nada bueno.

La cuarentena ha servido para todo. Para inmovilizar a un pueblo, para encerrar a la oposición, paralizada por gasolina y por las ambiciones que no paran, incluso en medio de este desastre. Para reforzar el silencio informativo y aún así, se atreven a seguir cerrando emisoras. Para tapar las tragedias del pueblo. Para matar niños con vacunas cubanas. Para borrar la masacre del Cepella en Guanare, con la ópera bufa de Macuto y la tal Operación Gedeón. La tragedia carcelaria del Centro Penitenciario terminó con su desalojo, previa negociación entre la procaz ministra y el pran. 176 reclusos dejaron de serlo y su liberación trajo como consecuencia, una fiesta popular en un barrio guanareño donde hubo de todo, incluyendo licor y streppers. Y a causa de las balas de los guardianes nacionales por el frente y los luceros del pran por la espalda, quedaron 63 personas, aunque fuentes confidenciales, aseguran que los muertos pasan de 200, que quedarán enterrados en una cárcel abandonada y a punto de ser refaccionada, como parte de estos anuncios caricaturescos de una narcodictadura que no tiene dinero, ni para comprar gasolina. El único país del mundo, cuya pandemia soporta sin gas, agua, electricidad, combustible, una pensión de 400 mil bolívares que no alcanza ni para un cartón de huevos, con un salario menor a cuatro dólares y muchos, con la esperanza de que les llegue una bolsa de comida de vez en cuando. Pero además no reacciona ni con los apagones y bajones interminables ni con una gasolina que está “asesinando” los motores de los vehículos, si logra echarla.

No les basta el control militar. Ve uno, guardias, policías nacionales, CICPC, de la Dirección de Investigaciones Penales, SEBIN, DGCIM, hasta en la sopa, en un país militarizado por sus verdaderos dueños, a los que nadie eligió pero que son carceleros de los que hablan todos los días por televisión, vomitan sus hígados y vacían sus intestinos, los miércoles. Pero el FAES hace lo que les viene en gana. En Chabasquén, se han dedicado con la mirada complaciente de las autoridades municipales, regionales y militares, a extorsionar y amedrentar a comerciantes y a familias humildes. Con el cuento de armas de vieja data, se llevan vehículos y amenazan con que, si no pagan vacunas, se les acusará de terrorismo. El Charal quedaba para el suroeste de Unda y de los que andaban por ahí, ya no debe quedar nadie vivo.

Todo el mundo aprovecha la calma para no hacer un carajo, comenzando por los gobiernos regionales y los alcaldes. Dígame éstos, se metieron en una cueva. Sus poblaciones muriéndose de sed y no abren la boca. Y si de comparación se trata, no sé si es más publicidad, pero Primitivo por lo menos asfalta, aunque tenga mucho interés en que ese producto se venda. En Guanare, no tapan un hueco y esos que son dueños de plantas y la fulana redoma acabó con la fibra óptica, dejando a media capital sin internet y, convertida en un verdadero desastre, la entrada principal de la ciudad. Y en Acarigua, Efrén debe pasar estos días por los lares barineses, porque ni un chillido con respecto a la sed infernal que padecen los habitantes de la capital paecista.

Termino con la mala suerte. La oposición paralizada y el régimen nos va a sorprender con elecciones, al salir de esto. El Liceo Unda, el primer instituto de educación secundaria y gratuita de Venezuela, cumplió 195 años sin pena ni gloria y va a rumbo a su Bicentenario, en medio de este país acabado, donde la educación no vale ni una ñinguita de excremento. Y la más salada, Acarigua que va a cumplir una edad de oro, que debería ser inolvidable por haber sido una de las ciudades más importantes de esta patria y la primera de una tierra de gracia, en manos de manos irresponsables en todos sus niveles. 400 años que, al parecer, entre cuarentena y revolución, pasarán por debajo de la mesa, sin un regalo que le agradezca su contribución al desarrollo y al bienestar de las familias venezolanas. IVÁN COLMENARES

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