Las tres Marías

        La educación media venezolana las tiene en tres materias fundamentales o, mejor dicho, dolores de cabeza, Física, Química y Matemáticas. Los venezolanos padecemos muchas gracias al nefasto socialismo del Siglo XXI, pero los portugueseños para localizar el centro de este artículo, o el epicentro de este terremoto rojo, en el mes de final y en el primero del 2020, hemos sido castigados en forma casi inhumana por este gobierno irresponsable y corrupto, en todos sus niveles: agua, gasolina y desatado alto costo de la vida.

         Sí, yo sé que hay muchas más. Que la electricidad es un infierno y eso que estamos comenzando el verano. Que el gas aumentará descaradamente de precio. Que las calles están convertidas en un verdadero desastre. Que los enfermos se mueren en el hospital y en el Cepella, los reclusos fallecen por tuberculosis en pleno comienzo del tercer milenio. Que los impuestos municipales de Guanare  son los más caros del país, que las escuelas están deterioradas y en la práctica, eliminaron el Programa Alimentario Escolar que adecuaba al niño para el proceso de aprendizaje. Que no hay clases porque los maestros se fueron del país o siguen resistiendo ante la miseria de sueldo que reciben, a pesar de que pusieron chamberos juveniles o milicianos, a supuestamente prepararse en dos meses para la más noble función de la vida. Que siguen anunciando casas en la Misión Vivienda, como en Guanare, el urbanismo Pedro Pérez Delgado que ha sido inaugurado varias veces. Que al que compró el aberrante Horroris Causa de la arrastrada Unellez, entre viajes y bonches, junto a sus funcionarios más cercanos, les importa un coño la suerte de los portugueseños. Y el rosario o la camándula, tiene más cuentas.

         La primera es el agua. Hidrosportuguesa nos atormentó todo el año con su comprobada ineficacia. Pero diciembre y a comienzos de este año ha sido un verdadero infierno al que nos ha sometido. Lo último fue la rotura del tubo matriz sobre el puente tubo, la “maravillosa obra” de Castro y Calles, pero ni información ni previsiones, y menos un plan de contingencia. Acarigua se levantó y sigue protestando, mientras los guanareños, como camellos, silentes, rumiando en las colas o caminando a falta de transporte, con 40 grados a la sombra, soportando como Job, las plagas revolucionarias.

         Del alto costo de la vida ya no podemos hablar. Tenemos que hacer verdaderos milagros para medio satisfacer nuestras necesidades básicas y no se le ocurra enfermarse, porque, los precios de las medicinas se fueron para las nubes, porque en este país, todo se calcula en dólares, pero los de a pie sólo vemos bolívares y con el perdón del Libertador, esa vaina no sirve pa´un carajo.

         Y la gasolina. Hubo momentos graves en el país, pero hoy usted sale de Portuguesa, y la cosa amaina. Pero se ensañaron contra nosotros. Entre la Guardia Nacional y los bachaqueros convirtieron esta cotidianidad en un dantesco cadalso. Las colas infernales, el maltrato de los militares, acompañados de extorsión y amenazas, violación de derechos humanos de bomberos y usuarios, con una impunidad y corrupta discrecionalidad, han agravado el conflicto. Y el régimen en lugar de ponerle precio, juega al caos.

         Pero nos siguen atenazando, torturando, humillando. Y no reaccionamos. Razón tenía el pensador y político francés Pierre Proudhom, padre del anarquismo, en “Idea general de la revolución en el siglo XIX, cita que leí en “Política para Amador” de Fernando Savater: “ser gobernado es ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado…mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni virtud. Ser gobernado significa, en cada operación, en cada transacción ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido. Es, bajo pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y, para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado.” Y ahí está dibujado este régimen “…he aquí su moralidad, he aquí su justicia” y con ello termina el galo.

         Pero dijera mi mamá, en este país, somos hijos del rigor. No tenemos sangre de horchata. Seguiremos de pie, resistiendo y veremos un nuevo amanecer. Sí se puede. IVÁN COLMENARES

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